Carlos Guío – Psicoterapeuta

Calma es fuerza interior

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Una historia maravillosa sobre el entrenamiento de un gallo de pelea, cautivó mi mente cuando la leí años atrás en el libro  “El zen y la cultura japonesa” del maestro zen Daisetz T. Suzuki. 

La historia es la siguiente:

“Chi Hsing-tzu estaba criando un gallo de pelea para su señor.  Pasaron diez días y su señor preguntó – ¿Está ya listo?

Chi respondió:  – No señor, no esta listo.  Es todavía presuntuoso y furioso.

Pasaron otros diez días y el principe preguntó de nuevo por el gallo.  Chi le dijo: – Aùn no señor.  Esta alerta en cuanto ve la sombra de otro gallo o lo oye cantar.

Pasaron otros diez días más, y a la pregunta del principe Chi contestó:  –  No del todo señor.  El sentido de la lucha late todavía en su interior, listo para ser despertado.

Cuando pasaron otros diez días, Chi, en respuesta a la pregunta, respondió: – Casi está listo; aún cuando canten otros gallos, no da muestras de excitación.  Parece ya un gallo de madera, sus cualidades están integradas.  Ningún gallo podrá competir con él, todos huirán en cuanto lo vean”.(1)

La historia señala un ideal acerca de la madurez humana, el ideal de la ecuanimidad, de la auténtica serenidad interior.

Cuantos retos nos pone la vida, cuantas provocaciones, cuantas peleas a las que nos vemos enfrentados.  Fogosos, impacientes, orgullosos, llenos de miedo y tensión interior, nos lanzamos al combate que la vida nos propone, sin centro, sin cálculos, sin medir la fuerza del oponente y sin conocimiento de nuestra propia fuerza, es decir abocados casi sin remedio a perder la batalla.

Ojalá tuvieramos un maestro como Chi Hsing-tzu, un entrenador maravilloso que con paso seguro nos condujera al sendero de la ecuanimidad interior en corto tiempo.  Pero las circunstancias para el ser humano son otras.  Hoy en día el trabajo de educar el alma reposa en el hombre mismo.  El maestro señala el ideal, pero es el estudiante quien tiene la tarea de mantener el ideal vivo en su mente.

Comprender que “calma es fuerza interior” es el ideal. Recordarlo en cada momento y en particular en los momentos en que las pruebas de la vida amenazan con hacernos perder el centro, es la voluntad operando en el pensar.  La idea fortalecida y vivificada por la repetición es la fuerza que, gradualmente y al final, se convierte en una verdad de vida que se expresa en nuestros gestos y acciones cotidianas.

Bibliografía:

  1.  Suzuki, Daisetz (1996).  El Zen y la cultura japonesa.  Apéndice V.  Pag 293.  Editorial Paidos.  Colección Paidos Orientalia.  Buenos Aires, Argentina.

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